Hija de la fusión de las cocinas azteca y europea, la apetitosa gastronomía poblana se caracteriza por su esencia mestiza, sus sabores eclécticos que mezclan lo dulce, lo salado y lo picante y la utilización de muchos ingredientes -pero en pocas cantidades-en la preparación de sus excelsos guisos, tortillas, chiles rellenos, sopas y sublimes postres.
Potajes emblemáticos que surgieron en los fogones de los conventos poblanos y en las cocinas de las casas de los mestizos y criollos. En esos templos del sabor, se crearon nuevos métodos en la preparación de alimentos y, también, diversos utensilios, como ollas de barro, metates y cucharas de madera, distintas a las del resto del país.
En los conventos y en las casas, las mujeres poblanas juntaron productos nativos como el maíz, los chiles, los frijoles, los jitomates y la carne del pavo, con ingredientes foráneos como el pollo, el cerdo, el queso, el trigo, el aceite de oliva y las cebollas, entre otros, para "inventar" los platillos que convertirían a Puebla en el "Centro Culinario del País".
Una de las comidas más representativas es el mole poblano, una espesa salsa picante de origen colonial.

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